VÁZQUEZ MOLINÍ, IGNACIO
El libro de Ignacio Vázquez Moliní cuenta el papel que jugó la legación de México en la Lisboa de 1936 a 1940, durante la guerra española,en su final y en los albores de la Segunda guerra mundial. Es, pues, un libro que cuenta una historia real apoyándose en una ficción.
Al hilo de las andanzas de Mendoza, funcionario diplomático mexicano que jugó un importante papel para ayudar a los refugiados españoles y que reaparece en 1974, en plena Revolución de los Claveles, recrea el ambiente de la ciudad. La política salazarista, que se debate entre ingleses y alemanes, el tejido de conspiraciones de todo tipo que ya empezaban a tener lugar en Lisboa y que se incrementarían con la guerra mundial, es la tela de fondo del relato. Es, en cierto modo, también una ruta de esa Lisboa de hace setenta años.Los remansos de la ciudad en ese torbellino, el Gremio Literario, el hotel Britannia, Maxims, Coelho da Rocha y muchos otros son evocados con gusto y su confort y tranquilidad, como en tantos establecimientos portugueses, contrasta con las siniestras maniobras de los esbirros del régimen salazarista que rodean al personaje principal.
La ficción se confunde con la realidad pues hay muchos personajes reales y los inventados- ¿o no lo son?- son perfectamente verosímiles. A veces, los datos son tan realistas que parece como si Vázquez Moliní hubiera llegado a consultar archivos y legajos del Ministerio portugués de asuntos exteriores, el bello Palacio das Necessidades. Si no lo ha hecho, lo parece.
El papel digno de Claudio Sánchez Albornoz, último embajador español de la República, acosado y despreciado por las autoridades portuguesas, las maniobras de Nicolás Franco Bahamonde, embajador in pectore de su hermano, la ambigüedad de ciertos funcionarios portugueses, tanto diplomáticos como policiales, las conspiraciones entrecruzadas, la prensa portuguesa,la encumbrada familia de banqueros Santo-Pinto ysu doble juego, todo ello aparece en estas páginas que se leen de un tirón. El lector queda fascinado poresa Adelaide, que quizás fuese amante de Salazar, a pesar de su fama de solterón austero y monacal. Casi desearía que Vázquez Moliní le hubiera dedicado más páginas pero él ha preferido dejarla envuelta en ese velo de misterio, por lo demás, tan portugués.
Todo ello es descrito de una manera objetiva, sin estridencias, con un lenguaje limpio, de frase corta, que añade velocidad al relato en contraste con esa eterna y lenta vida de Lisboa, que sirve de telón de fondo. Aparecen en las páginas varios personajes históricos, como el pintor y escritor Almada Negreiros, que fuera amigo de Ramón Gómez de la Serna, Gabriela Mistral, cónsul de Chile que procura ayudar a los exiliados españoles e, infructuosamente, al propio Miguel Hernández; en un momento, como una vela titubeante, pasa incluso el fantasma de Pessoa.
Siendo el autor español, ha sabido crear un ambiente de lo más lusitano, desasosegado, dentro de la quietud de la ciudad, del Tajo, de la luz lisboeta;lacalma, la lluvia suave, los calores del estío, hacen resaltar más aún la hecatombe mundial que rodea al país.
Poco sabemos en España de los avatares de los españoles de ambos bandos en aquel Portugal que se debatía entre la neutralidad, el temor al invasor castellano y las simpatías hacia el fascismo. Esta es la historia que subyace en estas páginas. Una historia que ha sido poco estudiada en nuestro país pero que en Portugal sí lo ha sido, en esa permanente asimetría de nuestras miradas, muchas y atentas del oeste al este, indiferencia del este al oeste- y que es, sin embargo, fascinante. Vázquez Moliní, revelando ese pasado, contribuye así a que conozcamos mejor nuestro vecino país y sobre todo su capital, siempre acogedora y hospitalaria.