GUADALUPE GRESES
En una pequeña isla existe un buzón en el que solo se admiten cartas de amor. Una historia real sobre el poder de la imaginación. Había una vez un hombre de espíritu excéntrico y bohemio que vivía en una pequeña ciudad en la isla de La Palma. Se hacía llamar El Conde de Velhoco, y muchos veneraban su reino imaginario, sus ideas y su manera fascinante de ver la vida. Un día, harto de recibir facturas, el Conde escribió sobre su buzón las palabras «Solo cartas de amor» en señal de protesta por tanta burocracia. Al poco tiempo, ante la sorpresa de los habitantes de la casa, empezaron a llegar decenas de cartas de lugareños y extranjeros relatando sus pasiones y sus penas. De eso hace más de diez años y nunca han dejado de llegar. Una historia tan real como increíble y emocionante sobre un hombre, Ángel Greses, que sabía mirar el mundo con ojos mágicos y consiguió contagiar de su hechizo a los habitantes de una isla, a su familia y a miles de personas que, rebelándose a lo anodino, en contra de lo esperado, decidieron compartir sus emociones más íntimas con un desconocido a través de una