CIRIQUIÁN COSTI, MARÍA ROSA
Relatos, vivencias, recuerdos de la niñez, personajes reales y cercanos,
otros, los más fantásticos, iban proyectándose en el ordenador. A veces
me atrapaban, otras se me escapaban de las manos, como el agua, y
necesitaba recomenzar de nuevo, dando puntadas sobre una tela blanca
con un hilo invisible. Así pude retenerlas en la memoria e irlas
desgranando: Nadika, Las Meninas, Curro, La vendedora de humo, El hombre
del traje gris y Mi amigo el desconchón son algunos de ellos.
Y la más fiel colaboradora de estas historias fue un vieja silla que mi
abuelo rescató del desván colocándola en la ventana y allí escuché, de
su voz ronca, muchos recuerdos. Por eso, si alguna se me olvida un poco,
me basta ir a la antigua casa, subir los peldaños de la escalera de dos
en dos y sentarme entre los brazos de mi amiga. Ella me espera fiel,
siempre, con su sonrisa de madera.